La decisión que tomas sin darte cuenta
Hay una diferencia gigante entre esperar el momento correcto y esconderte detrás de la espera.
Seguro te ha pasado. Un problema aparece en tu equipo. No sabes exactamente qué tan grave es, pero los números no se ven bien. Hay algo que no cuadra. Y aunque nadie quiere decirlo en voz alta, todos saben que si no se actúa pronto, la cosa puede empeorar.
Tu equipo sugiere hacer un análisis para entender mejor qué está pasando. Suena lógico, ¿no? Decides esperar a los resultados.
El análisis tarda más de lo esperado. Los resultados llegan, pero no son concluyentes. Alguien propone hacer una prueba más profunda. También suena razonable. Otra vez a esperar.
Mientras tanto, el problema sigue ahí. Tal vez creciendo. Pero en tu cabeza estás tranquilo porque “estamos investigando”. Tienes una razón válida para no actuar. Y esa razón te protege. Porque si no actúas y algo sale mal, puedes decir “estábamos esperando los resultados del análisis”. Pero si actúas y te equivocas, no tienes esa cobertura.
Pasan las semanas. La prueba sigue sin dar una respuesta clara. Y de repente, el problema explota. Lo que podías haber contenido con una decisión temprana ahora es una crisis. Ahora toca actuar, pero con menos tiempo, menos opciones y más presión.
Eso es lo que pasa cuando te amarras a una condición que no controlas.
“Cuando tengamos los resultados del análisis.” “Cuando la prueba esté lista.” “Cuando tengamos más claridad.” Son frases que suenan a prudencia pero que en el fondo son una forma elegante de posponer el momento incómodo de decidir sin certeza.
Y la realidad es que esa certeza que estás esperando puede llegar hoy, mañana o nunca. Y mientras esperas, el reloj no se detiene.
La trampa que nadie ve
Lo más peligroso de esta dinámica es que se siente completamente racional. Nadie te va a criticar por pedir más datos. Al contrario, la mayoría de las personas a tu alrededor van a validar esa decisión porque les da seguridad a ellos también.
Hay una diferencia enorme entre buscar información para tomar una mejor decisión y buscar información para evitar tomarla. Y muchas veces, sin darte cuenta, estás en la segunda.
La forma de saber en cuál estás es haciéndote una pregunta simple. Si los resultados del análisis no llegan nunca, ¿qué vas a hacer? Si la prueba no da una respuesta clara, ¿cuál es tu plan?
Si no tienes respuesta a esas preguntas, estás comprando tiempo. Así de simple.
Y ese tiempo tiene un costo que nadie mide. Impacto en resultados. Impacto reputacional. Pérdida de recursos. Tu equipo puede empezar a perder la confianza en tu capacidad de liderar bajo presión. El costo de no decidir es invisible hasta que explota.
Reconocer la incertidumbre desde el principio
Hay algo que cambia todo cuando estás frente a la incertidumbre. Y es reconocerla desde el principio. Mirarla de frente y prepararte para ella.
Esto significa pensar en escenarios antes de que las cosas pasen.
Si estás esperando los resultados de algo, piensa en los dos caminos posibles. Si salen como esperas, perfecto. Tienes un camino con más certidumbre y lo tomas. Pero si no salen como esperas, o si simplemente no llegan, necesitas tener un plan que ya esté pensado. Pensado con anticipación, antes de que llegue la crisis.
La gente que se prepara para la incertidumbre no necesita certeza para moverse.
Y esa preparación no tiene que ser perfecta. No necesitas un plan con 47 variables y una hoja de cálculo con probabilidades. Necesitas tener claros los escenarios y saber qué vas a hacer en cada uno. Ya.
No todas las decisiones son iguales
Acá hay algo fundamental que la mayoría de las personas pasa por alto. No todas las decisiones merecen el mismo nivel de análisis. Y tratar todas como si fueran críticas es una de las razones principales por las que los equipos se paralizan.
Jeff Bezos habla de dos tipos de decisiones. Decisiones de “puerta de una vía” y decisiones de “puerta de doble vía”.
Las decisiones de puerta de una vía son irreversibles. Cruzas esa puerta y no puedes devolverse. Las consecuencias son permanentes o muy difíciles de revertir. Estas sí merecen análisis profundo, conversaciones con los líderes y mucha deliberación.
Las decisiones de puerta de doble vía son reversibles. Cruzas, miras qué hay al otro lado, y si no te gusta lo que ves, te devuelves. Ajustas. Tomas otro camino. Estas decisiones necesitan velocidad.
El problema es que la mayoría de las personas trata todas las decisiones como si fueran de puerta de una vía. Cada cambio, cada ajuste, cada movimiento se convierte en un tema que requiere reuniones, aprobaciones y análisis interminables. Y mientras tanto, las oportunidades pasan y los problemas crecen.
La gran mayoría de las decisiones en el trabajo son de puerta de doble vía. Son reversibles. Y deberían tomarse rápido.
Si te equivocas en una decisión de doble vía, te devuelves y sigues. Pero si la tratas como si fuera de una sola vía, pierdes semanas o meses de ejecución sin necesidad.
Bezos tiene otra regla que me parece igual de buena. Decide con el 70% de la información. Si esperas al 90%, probablemente llegaste tarde. Si decides con el 50%, estás tirando una moneda. El 70% es ese punto donde tienes suficiente para tener una opinión informada pero todavía puedes moverte rápido.
Cuando la decisión sí es de una sola vía
Ahora, hay decisiones que sí son de puerta de una vía. Decisiones donde las consecuencias son grandes y no se pueden revertir fácilmente. Y ahí el juego cambia.
Cuando estás frente a una de estas, lo peor que puedes hacer es lanzarte con la primera idea que suene bien. Pero lo segundo peor es quedarte paralizado buscando la respuesta perfecta. El camino está en el medio.
Lo que yo he visto que funciona es armar el mapa completo antes de moverte. Y con mapa completo me refiero a entender de verdad qué opciones y escenarios tienes en frente. La mayoría de la gente ve dos caminos. O hacemos esto, o no hacemos nada. Blanco y negro. Pero la realidad siempre tiene matices. Entre esos dos extremos hay combinaciones, hay caminos intermedios, hay versiones parciales que a veces son mejores que cualquiera de los dos extremos.
Y acá va algo que mucha gente olvida. Esperar y no hacer nada también es una opción. Porque no tomar una decisión también es tomar una decisión. Es decidir que todo siga igual. A veces esa es la mejor jugada. Pero tienes que elegirla conscientemente, no caer en ella por default.
Una vez que tienes el mapa, mira cada camino con honestidad. ¿Qué ganas? ¿Qué pierdes? ¿Qué riesgos estás asumiendo? Acá es donde la gente tiende a maquillar. Inconscientemente le pones mejor cara a la opción que te gusta. Y eso es trampa. El análisis tiene que ser honesto aunque la respuesta no sea la que quieres escuchar.
Después de eso, llega con una recomendación clara a tu equipo y a tus líderes. Con fundamento. Que se entienda por qué crees que es el mejor camino y qué estás dispuesto a sacrificar al tomarlo. Porque toda decisión irreversible tiene trade-offs. Y la persona que los esconde o los minimiza está haciéndole un daño al equipo.
Estas decisiones se toman en equipo. Pero se llevan con claridad, no con ambigüedad.
El pacto de saltar juntos
Y acá viene la parte más difícil. La que casi nadie hace bien.
Cuando se toma una decisión de una sola vía en equipo, es normal que no todos estén de acuerdo. Alguien peleó por la opción B. Alguien tenía una perspectiva diferente. Alguien cree que el riesgo es muy alto.
Eso está bien. El desacuerdo es sano. Lo complicado es lo que pasa después.
Porque en muchos equipos la decisión se toma, pero las personas que no estaban de acuerdo se guardan un “yo se los dije” para usarlo después. Se comprometen de boca para afuera, pero por dentro están esperando a que las cosas salgan mal para poder decir “ven, yo tenía razón”.
Eso es veneno ☠️.
La persona que se guarda el “yo se los dije” está comprando un seguro para proteger su ego a costa del equipo. Y eso destruye la confianza más rápido que cualquier error.
Bezos tiene un nombre para esto. Lo llama disagree and commit. Puedes haber peleado duro por otra opción. Pero una vez que se decide, te comprometes al 100% como si fuera tu idea.
Si cada persona que no está de acuerdo se reserva el derecho de sabotear silenciosamente o de cobrar después, ningún equipo va a poder tomar decisiones difíciles. No hay vuelta que darle.
El consenso real se ve cuando todos se comprometen con la decisión, incluso los que no estaban de acuerdo. Eso requiere madurez, confianza y un acuerdo explícito de que así es como se juega.
Cuando un equipo logra esto, pasan cosas increíbles. Las decisiones se toman más rápido. La ejecución es más limpia. La confianza crece.
Cuando no lo logran, cada decisión se convierte en un campo minado. Nadie quiere dar un paso porque sabe que si algo sale mal, alguien va a cobrar.
Todos saltan o nadie salta. Así se toman decisiones difíciles.
El costo real de no decidir
Hay algo que conecta todo lo que hemos hablado hasta acá. Y es que cuando la incertidumbre te paraliza y empiezas a buscar maneras de eliminarla antes de moverte, en la práctica estás tomando una decisión. Estás decidiendo no hacer nada.
El problema es que casi nadie lo ve así. Sientes que estás en pausa, que estás evaluando, que estás siendo responsable. Pero no estás en pausa. Estás eligiendo que las cosas sigan como están. Y esa elección tiene consecuencias.
A veces no hacer nada es la mejor opción. Pero tiene que ser una decisión consciente, no el resultado de no haberte atrevido a elegir otra cosa. Cuando dices “voy a esperar” y lo haces con claridad sobre lo que estás sacrificando al esperar, eso es válido. Cuando esperas porque no te atreves a moverte, eso es parálisis disfrazada de prudencia.
Y acá está lo que pocos quieren escuchar. Mientras tú esperas, el problema no espera contigo. Sigue ahí. Creciendo. Y cada día que pasa sin que te muevas, las opciones se reducen y las consecuencias se acumulan. No porque hayas tomado una mala decisión, sino porque no tomaste ninguna.
¿Y entonces?
La próxima vez que te encuentres en una situación donde la incertidumbre no te deja avanzar, para un momento y hazte estas preguntas.
¿Estoy buscando información para tomar una mejor decisión, o la estoy buscando para evitar decidir?
¿Esta decisión es de puerta de una vía o de doble vía? Si es de doble vía, ¿por qué no me estoy moviendo ya?
Si estoy esperando a que algo pase para decidir, ¿qué hago si eso nunca pasa?
¿Tengo claros los escenarios y un plan para cada uno?
Y si la decisión ya se tomó en equipo, ¿estoy comprometido de verdad o me estoy guardando un “yo se los dije” por si las cosas salen mal?
La certeza completa no existe. Nunca existió. Y esperar a tenerla es la forma más segura de quedarte atrás.
No necesitas más datos. Necesitas decidir.
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Que tengas un buen día 🙏
Rómulo
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