Cuando todo sale mal, esa es tu oportunidad
La diferencia entre los que se hunden y los que crecen está en cómo responden cuando todo sale mal.
Nadie quiere fallar. Es incómodo, frustrante y, en muchos casos, público. Pero la verdad que nadie te dice es que vas a fallar. No es una posibilidad, es una certeza. Y cuando suceda, la única pregunta que importa es si vas a esconderte o vas a dar un paso al frente.
La mayoría de las personas, cuando algo sale mal, se paralizan. Buscan excusas, señalan a otros o desaparecen esperando que el problema se resuelva solo. Pero esa reacción no solo no soluciona nada, sino que solidifica la pérdida. Convierte un error recuperable en un fracaso.
Los buenos líderes entienden que fallar no te define. Lo que te define es cómo respondes cuando algo falla.
Porque cuando todo va bien, cualquiera puede verse competente. Pero cuando las cosas se desmoronan, cuando la presión es insoportable y todos están mirando, ahí es cuando se revela quién eres realmente.
El momento donde todo se decide
Cuando algo sale mal, tienes dos opciones.
Puedes retroceder. Esconderte, evitar la conversación, dejar que otros resuelvan el problema. O quedarte paralizado esperando que tu jefe o tus líderes te digan qué hacer, pasando a modo puramente operativo. Nadie quiere enfrentar la crítica o la decepción, así que es la reacción más común. Pero pierdes credibilidad, pierdes confianza y pierdes la oportunidad de recuperarte.
O puedes dar un paso al frente. Asumir el problema, comunicar con claridad y demostrar que tienes un plan. Requiere coraje y actuar bajo presión, pero es la única forma de convertir una crisis en una oportunidad. También es la única forma correcta de hacerlo.
La diferencia entre estos dos caminos no es talento ni experiencia. Es la decisión de no esconderte cuando más incómodo se pone.
Si te escondes, no solo pierdes la batalla inmediata. Tu equipo empieza a dudar de ti. Tus líderes se preguntan si pueden contar contigo. Y tú mismo empiezas a creer que no puedes manejarlo. El problema no es que no resolviste el error. Es que te conviertes en “alguien que no pudo manejar la presión”. Y esa etiqueta es difícil de quitar.
Pero si das un paso al frente, demuestras que puedes manejarlo. Le dices a tu equipo que no los vas a abandonar. Le dices a tus líderes que pueden confiar en ti. Y te demuestras a ti mismo que eres capaz de navegar la complejidad sin desmoronarte. El problema puede tomar días o semanas en resolverse, pero lo que cambia es la percepción. Pasas de ser alguien que causó el problema a alguien que lo está resolviendo.
El proceso para recuperar credibilidad
Recuperar la confianza después de que algo falla no es algo que suceda automáticamente. Requiere un proceso claro y disciplinado. Y si no lo sigues, tu recuperación va a ser mucho más lenta o, peor aún, no va a suceder.
1. Acepta la realidad, sin excusas
Lo primero que tienes que hacer es ser brutalmente honesto sobre lo que pasó. No intentes suavizarlo, no busques culpar a otros y definitivamente no te pongas a la defensiva. Si metiste la pata, dilo. Si algo salió mal bajo tu liderazgo, asúmelo.
Las excusas solo prolongan la pérdida de confianza. La gente respeta a quienes pueden admitir que algo falló sin drama.
2. Comunica con claridad y frecuencia
Cuando algo falla, el silencio es tu peor enemigo. Mientras más tiempo pase sin que des señales de que tienes control, más van a dudar de ti.
La clave es comunicar rápido y con frecuencia, aunque no tengas todas las respuestas. No se trata de tener el problema resuelto de inmediato, se trata de demostrar que lo estás manejando de forma activa.
Di lo que sabes, di lo que estás haciendo y di cuándo vas a dar el siguiente update. Y cuando llegue ese momento, cumple. Cada vez que reportas y cumples lo que dijiste, recuperas un poco de credibilidad.
3. Cambia la conversación de “¿Puedes arreglarlo?” a “¿Tiene sentido el plan?”
Cuando algo falla, la gente empieza a dudar de tu capacidad para resolver el problema. Y si dejas que esa duda crezca, van a tomar la decisión por ti.
Pero si presentas un plan claro y razonable, cambias la dinámica. Ya no se trata de si confían en ti o no, se trata de si el plan tiene sentido. Y si tiene sentido, te van a dejar ejecutarlo.
Esto no significa que tengas que tener la solución perfecta. Significa que tienes que demostrar que sabes cómo moverte hacia adelante, paso a paso.
4. No te escondas
Esto es lo más difícil, pero también lo más importante. Cuando fallas, tu instinto va a ser evitar a las personas que están decepcionadas contigo. No lo hagas.
Si tu jefe está molesto, búscalo. Si tu equipo está desmoralizado, habla con ellos. Si tus stakeholders están preocupados, dales claridad. No esperes a que ellos vengan a ti. Ve tú primero.
La gente recuerda quién tuvo el coraje de enfrentar la situación directamente. Y ese coraje, más que cualquier otra cosa, es lo que te va a permitir recuperarte.
Cómo se ve esto en la práctica
Déjame mostrarte un ejemplo concreto.
Imagina que eres Product Manager y estás a punto de lanzar una funcionalidad que el CEO considera crítica. Ha invertido tiempo personal en ella. Incluso escribió un comunicado para anunciarla al mercado. El lanzamiento está programado para mañana temprano.
Pero esa noche, mientras tu equipo sube la última versión a producción, algo falla. La funcionalidad más importante, la que el CEO quiere destacar, simplemente no funciona. Y el comunicado ya está programado para salir en unas horas.
Te despiertas y ves un mensaje del CEO: “¿Dónde está el comunicado?”. Respondes rápido: “Estamos trabajando en algunos problemas”. Mala respuesta. Sin detalles, sin claridad. Solo compras tiempo esperando que tu equipo lo arregle antes de que el CEO se levante de la cama.
Pero no funciona así. En 30 segundos recibes otro mensaje: “¿Qué problemas?”. Y ahí empieza la auditoría. Más líderes se suman al hilo. Todos preguntando. Todos esperando respuestas. Y tú, en medio del caos, intentando entender qué salió mal mientras tu credibilidad se desmorona con cada minuto que pasa.
En ese momento tienes dos opciones. Puedes seguir enviando respuestas vagas, esperando que el equipo encuentre la solución mágica que arregle todo. O puedes aceptar que perdiste el control, recuperarlo y comunicar un plan claro.
A las 9:00 a.m., envías un mensaje directo: “Está claro que no va a funcionar ahora. No vamos a poder lanzar el comunicado hoy. Esto es lo que estamos haciendo en la próxima hora. Les reporto a las 10:00 a.m. o antes si algo cambia”.
Con ese mensaje, acabas de cambiar la conversación. Ya no se trata de si puedes arreglarlo. Se trata de si tu plan tiene sentido. Y si tiene sentido, te van a dar esa hora para ejecutar.
Cumples. Reportas a las 10:00 a.m. con el siguiente plan. Luego a las 11:00 a.m. con otro update. Vas ganando credibilidad una hora a la vez. No porque hayas arreglado el problema de inmediato, sino porque demostraste que lo tienes bajo control.
Pero aquí está la parte más difícil. Tienes una reunión programada con el CEO el día siguiente. Tu primer instinto es cancelarla. ¿Para qué meterte en esa situación incómoda? Pero te das cuenta de que si no puedes enfrentarlo ahora, mejor empieza a buscar otro trabajo.
Así que vas. Llegas temprano. Te sientas justo al lado de donde él siempre se sienta. Cuando entra, sostienes la mirada. Y en ese momento, sin decir una palabra, ya demostraste lo más importante. Que no huiste. Que no te escondiste. Que puedes enfrentar las consecuencias sin desmoronarte.
El error no te define, tu respuesta sí
La parte que muchos no entienden es que fallar no es el fin de tu carrera. De hecho, en muchos casos, es el inicio de algo más grande. Porque cuando fallas y logras recuperarte, demuestras algo que no puedes demostrar de ninguna otra manera. Que puedes manejar presión extrema y seguir adelante.
Los mejores líderes no son los que nunca han fallado. Son los que han fallado, han enfrentado las consecuencias y han encontrado la manera de salir adelante.
Las empresas no buscan perfección. Buscan resiliencia. Buscan a alguien que, cuando todo se desmorona, no se desmorona con ello. Buscan a alguien en quien puedan confiar incluso cuando las cosas se ponen imposibles.
Y eso no lo puedes fingir. No lo puedes poner en un CV. Solo lo puedes demostrar cuando realmente importa.
La próxima vez que falles
Porque va a pasar. No es una cuestión de si, es una cuestión de cuándo.
Y cuando suceda, vas a tener una decisión que tomar. Puedes retroceder, buscar excusas y esperar que pase. O puedes dar un paso al frente, asumir el problema y demostrar que puedes manejarlo.
La primera opción es más fácil en el momento. La segunda es la única que te permite crecer.
Así que cuando llegue ese momento, no te escondas. No te paralices. Y definitivamente no dejes que el miedo tome la decisión por ti.
Da un paso al frente. Comunica con claridad. Presenta un plan. Y ejecuta.
Porque al final, la diferencia entre los que se hunden y los que crecen no está en si fallan o no. Está en lo que hacen después.
No siempre sale bien
Ahora, seamos honestos. Esto no es una fórmula mágica que garantiza que todo va a funcionar.
A veces, las cosas se salen de control y no se pueden recuperar. A veces, incluso haciendo todo bien, pierdes. El producto sufre. Los resultados se impactan. Te despiden. O simplemente el daño ya estaba hecho antes de que pudieras hacer algo al respecto.
Pero este es el camino con el mejor resultado potencial. De una de dos: o lo sacas adelante o aprendes. Y en el peor de los escenarios, te vas con un aprendizaje que mucha gente que busca no fallar nunca va a tener.
Porque aquí está la realidad. Muy poca gente hace esto. La mayoría se asustan. Buscan que otros tomen las decisiones difíciles. Esperan a que alguien más dé la cara mientras ellos se mantienen en segundo plano. Y esas no son las personas que uno quiere en el equipo.
Las personas que quieres a tu lado son las que, cuando todo se derrumba, no desaparecen. Son las que asumen el problema, comunican con claridad y enfrentan las consecuencias sin importar lo incómodo que sea. Porque esas son las personas en las que puedes confiar cuando realmente importa.
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Que tengas un buen día 🙏
Rómulo
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